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Kozo, el perro con dos cabezas
Congo, finales del s. XIX– principios del s.
XX d.C.
Origen: República Democrática del Congo (ex Zaire)
Los escultores del Congo produjeron esculturas de madera
(minkisi, en singular: nkisi) antropomórficas que
eran utilizadas para resolver problemas o para obtener riquezas, y
también piezas zoomórficas, entre las que se destaca el perro con
dos cabezas Kozo.
En el Congo, los animales salvajes están asociados a los
muertos, que se entierran lejos de los pueblos, ya sea en los
bosques o más allá de los ríos. Los animales domesticados, como los
perros, suelen vivir en los pueblos, pero son utilizados para cazar
aves en los bosques. Es por ello que se los considera mediadores
entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.
Las dos cabezas y los cuatro ojos de Kozo lo hacen especialmente
potente en ese rol. Sobre el lomo del animal se aplican
medicamentos poderosos ligados con resina o arcilla, una sustancia
particularmente asociada a los muertos. Así se autoriza a la figura
a actuar en representación del nganga o especialista en
rituales. Para impartir una orden determinada al nkisi, el
nganga clava una hoja de acero en la figura mientras
recita una invocación.